El primer trimestre de 2026 ha estado marcado por una clara dualidad: una primera mitad con tono positivo, con un mercado manteniendo el apetito mostrado en 2025, seguido de un brusco cambio de escenario a partir del 28 de febrero, fecha en que Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar conjunta sobre Irán. Este evento geopolítico, alteró de manera significativa las perspectivas macroeconómicas globales, disparó los precios de la energía y generó una oleada de volatilidad en los mercados financieros que se prolongó durante todo el mes de marzo.
En el plano de política monetaria, el Banco Central Europeo (BCE) mantuvo sin cambios sus tipos de referencia en el 2,0% en su reunión del 19 de marzo, en línea con las expectativas del mercado. La institución presidida por Christine Lagarde se encuentra ante un dilema cada vez más complejo: el repunte del precio del petróleo y el gas derivado del conflicto en Oriente Medio amenaza con reavivar las presiones inflacionistas en la Eurozona, lo que dificulta cualquier movimiento adicional a la baja en los tipos. En cuanto a la Reserva Federal americana (FED), también optó por mantener sus tipos de referencia en el rango del 3,50%-3,75%, adoptando un tono de espera que el mercado interpretó como señal de que el ciclo de bajadas podría quedar interrumpido durante más tiempo del inicialmente previsto. La inflación subyacente en EEUU, medida por el PCE, se situaba por encima del 3% a comienzos de año, lo que, unido al shock energético derivado de la guerra en Irán, ha alejado cualquier expectativa de recorte de tipos en el corto plazo. A esta complejidad se suma el ruido institucional en torno a la Fed, con la incertidumbre sobre la continuidad de Jerome Powell en la presidencia generando cierta desconfianza adicional de los inversores en la institución. La duración del conflicto será clave para dibujar el escenario de crecimiento e inflación de los próximos meses, siendo la estanflación uno de los mayores riesgos latentes en este sentido.
En los mercados de renta fija, en el caso europeo, los tramos cortos de la curva experimentaron un repunte notable de sus rentabilidades, reflejo de las crecientes expectativas de que el BCE podría verse obligado a revisar al alza sus tipos si el shock energético se traslada de manera persistente a la inflación. El bono alemán a diez años repuntó hasta el 3% desde el 2,85% de comienzos de año. Esta dinámica de alza generalizada a lo largo de la curva, siendo pronunciada en su tramo corto, provocó caídas generalizadas en las carteras conservadoras. Por otro lado, los diferenciales de crédito corporativo, especialmente los de menor calidad (high yield), repuntaron en hasta más de 100 puntos básicos, reflejando la mayor aversión al riesgo de los inversores. En el caso de la deuda española, la prima de riesgo frente al bono alemán se mantuvo en niveles muy contenidos, mostrando cierta resiliencia. Al otro lado del Atlántico, la rentabilidad del bono estadounidense a diez años repuntaba al 4,32% desde el 4,17% anterior. En este contexto de incertidumbre, continuamos con una visión prudente en renta fija, con duraciones cortas y preferencia por emisores de máxima calidad crediticia.
En los mercados de renta variable, tras un muy buen comienzo en enero y la primera mitad de febrero, el estallido del conflicto en Oriente Medio llevaba a los índices a rentabilidades negativas en el primer trimestre. Así pues, el Eurostoxx 50 cerró el trimestre con caídas del -3,83%, el S&P500 retrocedía un -4,63% y el Nasdaq prácticamente un -6%, también penalizado por el mal comportamiento de las compañías de software, consecuencia del riesgo que supone la inteligencia artificial para algunos negocios. Por otro lado, dada la alta dependencia energética de la industria alemana, la bolsa de la principal potencia europea se ha comportado especialmente mal en esta primera parte del año. El sector claramente favorecido fue el energético, con las compañías petroleras registrando fuertes revalorizaciones ante el brusco encarecimiento del crudo, que pasaba de precios inferiores a 70 dólares el barril a cerrar el trimestre en 118 dólares.
El conflicto en Oriente Medio ha puesto de manifiesto la fragilidad del escenario de aparente estabilidad que los mercados venían descontando. La interrupción parcial del tráfico en el Estrecho de Ormuz —por donde circula aproximadamente el 20% del comercio mundial de crudo— ha impactado de manera directa sobre los costes energéticos, con el riesgo de trasladarse a una inflación más persistente de lo previsto tanto en Europa como en el resto del mundo. El FMI ya ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento global para 2026, al tiempo que ha elevado sus expectativas de inflación. En el caso de la Eurozona, el crecimiento también se ha visto revisado a la baja, si bien los vientos de cola estructurales siguen presentes: el impulso del gasto en defensa —con la creación en marcha de una capacidad militar europea propia—, los programas de inversión en infraestructuras en Alemania y una demanda interna que, de mantenerse el empleo en niveles razonables, puede ejercer de factor de compensación. España, por su parte, sigue mostrando un dinamismo superior a la media europea, con una economía que encadena varios trimestres de buen comportamiento apoyada en el consumo y el turismo.
En este entorno de máxima incertidumbre geopolítica, con los precios del petróleo disparados, los bancos centrales condicionados por el dilema inflación-crecimiento y unas valoraciones de activos que siguen siendo exigentes en términos históricos pese a las correcciones de marzo, reafirmamos nuestra convicción en una gestión conservadora y diversificada. La elevada concentración de la deuda pública en las principales economías desarrolladas, y los múltiples focos de inestabilidad geopolítica abiertos siguen siendo argumentos sólidos para mantener la prudencia. En este contexto, nuestro plan conservador Surnepensión Renta Fija ha obtenido una rentabilidad de -0,44% en el trimestre, nuestro plan prudente Surnepensión Mixto de -0,58% y nuestro plan dinámico Surnepensión Renta Variable de una destacada rentabilidad positiva del +1,07%.



